domingo, 23 de febrero de 2020

La mirada animal


En las instancias donde se contempla a un animal sin que este lo perciba, surge a la escena un ser inquietante, que interactúa dentro de la sinfonía que le rodea, con una vinculación inaccesible de traducir al lenguaje humano, de la cual se genera una perturbación por indagar en los límites, dado que hasta ahora se tiende a describir meramente el comportamiento de objeto a objeto, aun así, además cabría interrogarse cuales han sido las cualidades que se han destacado de la animalidad en el desarrollo del conocimiento, aunque más bien, sería cuestionar que carga moral han tenido dichas características en relación a la influencia que le han dado a la humanidad, como si esta última se encontrase apartada de este rasgo constitutivo. Lo cierto es que hay algo que irrumpe sorpresivamente al apreciar un ser fuera de lo humano en su habitualidad, pareciese que antes que notase nuestra presencia se encontrara envuelto en un mundo, en un tiempo y en un color que posee sus ritmos y su orfandad,  pues más que un acto biológico pareciese un estado musical.

¡Cuánta pureza se ha intentado obtener tanto en la búsqueda de lo plenamente humano como así también en contraparte, retornar a la permanente animalidad! ¿no habría que dar paso a la aceptación de la imposibilidad de fijar una estática forma de ser? Pues cuan evidente, aunque difuso para muchos, ha sido la caída de las ilusas visiones que nos conforman como especie, pero a su vez, la curiosidad de conseguir un comportamiento esencialmente salvaje como meta se derrumba, dado que aunque se fuerce por alcanzar, la conciencia irrumpe en el mismísimo anhelo. Considerada esta tensión ¿qué somos? ¿qué ambigüedad de cualidades están siendo ensombrecidas? Al apreciar la mirada animal, buceando en el océano de sus ojos, se palpita el acceso a una fuente que impulsa las posibilidades del existir, un territorio que nos conforma y que al mismo tiempo podemos encaminar, tanto para enfrentar y porque no,  burlarnos de la eterna danza entre el deseo y el dolor, como a su vez metamorfosear a una manera de ser que no siga encorsetada, apresada e incluso estancada en idílicas ensoñaciones.

Somos seres temporales en suspenso cósmico, seres que aunque diminutos para la eternidad, groseros al intoxicar la tierra, donde lo queramos o no, nuestros pasos de uno u otro tamaño intervienen. Se vive en la tormenta, en la condena de ser. Si ha de considerarse la ferocidad como virtud, que sea para arar en cumbres o simas, acaso ¿no se ha dedicado demasiado a la mera saciedad? para mofarse de la pesadilla en que se está, que sea por la potencia y no la miseria, aunque irremediablemente cada obra sea olvidada al paso de los siglos.



B. Pezzopane

domingo, 9 de febrero de 2020

Divagaciones al caminar


Si en una llana y solitaria caminata se dispone diluir las estridencias mundanas para considerar retorcer y cansar los tectónicos tormentos, ¿qué área se nos abre atender en este particular transcurrir? Pareciese que paulatinamente, entre la ausencia y la incomodidad, se cae en un ámbito que nos ralentiza, nos sitúa  en una especie de tiempo flotante, en un diálogo con aquel sobrepoblado vacío en el que estamos envueltos. La corporalidad fricciona con el entorno y desde aquello se encumbra un canto, el cuerpo se acompasa a una melodía silenciosa,  se circula por un laberinto sin muros.

Pareciera que los pasos, el hecho de recorrer un espacio abierto y sin rumbo exacto, genera algo de lo cual cada vez se desconoce más su secreto. Pareciese que mientras se generan más facilidades tecnológicas se aleja de lo más próximo y vital, ¿cuál será dicho secreto? ¿No habrá que ligar nuestras silenciosas voces con la tierra y sus perfumes? En el caminar se sitúa en un tiempo consistente, en aquel que se degusta y se percibe no meramente un presente fraccionado y segmentado por cada vulgar instante, más bien al suspenderse en el caminar se percibe simultáneamente un vuelo que hace florecer un tiempo con una mixtura entre lo pasado y futuro en la vivencia que se presencia, en donde acontece un distanciamiento cercano.

Existe una saturada condena a la tecnología, a la cual se apunta culpar, dada la estructuración cultural que se ha construido desde el ilusorio pecado, donde se excluye una multiplicidad de factores, tejidos o elementos que se dan para generar una situación determinada, aun así, cabría más hondo encarar y cuestionar si  el concepto de humano no está ya obsoleto, ¿no sería acaso necesario comprender y poseer una mirada temporalizada, que no sobrevalore el presente, que sospeche de la instantaneidad del placer o goce, para abarcar un salto hacia una posibilidad mucho más amplia en el habitar? Si bien a la tecnología se le utiliza para facilitar y potenciar habilidades humanas, así también se genera una dependencia medular que atraviesa variados contextos de desenvolvimiento,  cosificando las interacciones, costumbres o comportamientos, sin hacer mención ni ahondar en la gravedad de sus efectos en el impacto natural, pero ¿es acaso la tecnología la que de forma autónoma se da de esta manera o más bien es el reflejo tanto de quienes la utilizan como de sus formas de ser en la amplitud de áreas que se vinculan desde el pasado? 

Mientras se respira, la herida vive, se expande hacia nuevos rumbos y busca con desenfreno utilizar prácticas que anestesien la carencia que constituye a la humanidad. Quien más completo se desee, tenderá irremediablemente a la inviabilidad de existir. Se requiere el arte de dominar el tiempo, crear instancias para deambular en el juego del reposo, aceptar el tedio desde un íntimo vagabundeo contra la sobreabundancia de sentidos cotidianos manifestados, como así también dar el espacio para experimentar la angustia de cara a la nada. Se requiere dar un distendido tránsito desde un éxtasis a otro, fundirse en la vacuidad desde el mayor despojo. En la lentitud se encuentra el peligroso tesoro de la vida. Entre caminata y caminata se perciben en el crepúsculo los últimos rayos que exaltan un antropológico sentido de vivir. ¿Por qué no dar un paulatino brinco a la extinción?



B. Pezzopane

Poemas de Iryna Tsilyk | Ірина Цілик, traducidos por Bastian Pezzopane

Poemas de la poeta y cineasta ucraniana Iryna Tsilyk | Ірина Цілик, traducidos del ucraniano al español, por el traductor chileno Bastian Pe...