domingo, 22 de marzo de 2020

El barranco de soñar


En el inesperado desasimiento, en cuanto el cansancio derrota la conciencia, se desploma la gravitación del tiempo, la noche triunfa ante la vida en aluviosos dédalos. Un zambullido en el íntimo estruendo de anhelos, un tifón de enclaustradas erosiones, desde allí gime la sazón. Al tumbarse en la soñación,  difusos resplandores acompasan el naufragio, una errática niebla cubre el tenebroso néctar que impulsa el desbordante viaje. La exaltación y deformidad de sucesos, la fractura de toda lógica en lo experimentado, conforman un hambre desgarrada, un cúmulo al borde de la pendiente, un limbo en lo inapresable. El vivenciar la descomposición de la materia en los sueños, azota la carne como glaciares en la herida, un impacto inestable, a momentos mucho más vívido que alguna trivialidad en la vigilia.

La franca incomodidad conjuga los sueños como una lluvia de meteoros, donde en la instensificación y fugacidad colisiona lo que nos habita del mundo. Diamantes componen el archipiélago, como huellas que arraigan hacia la tierra esencial, así se nos atrae a la sombra del bosque. En cuanto nos dormimos la postura horizontal nos transforma en un barro entre las piedras,  en una transición de aromas, donde el cuerpo pareciera que se desvanece a lo mínimo, un letargo que se impone desde la asfixiada lucidez. Nuestro ser al soñar es un cementerio de auroras, como si ventiscas chocasen entre muros de hierro buscando rasgar la cuna de las vísceras, para que resurjan rayos que calcinen los valles. 

La humanidad se encuentra imposibilitada de transcurrir como una bagatela, el soñar es la muestra de nuestro estado disonante, un pantano de nubes que arremete los apacibles huertos. ¡Qué los cantos oníricos transgredan el alba y su porvenir, qué la confusión de aquel bramido vaporice las anestesias habituales! De allí que inevitablemente se necesite atender aquellos momentos de turbado discernimiento. La nocturnidad es aquel terreno fértil que devela el entrampamiento del cual se huye, pues el sepulcral barranco en donde se cae, no es más que una zona donde se oyen las gotas de la muerte, una descompaginación que resguarda en lo nebuloso sus raíces. Cuanta mayor desfiguración haya en los sueños, más intenso arde lo deseado, retumba el tiempo, se cruzan épocas y putrefactas constelaciones. La polución es el estado primordial de lo humano, una infección que renace cada día al despertar, pues cada acto es un residuo de la maldición.    





B. Pezzopane

domingo, 8 de marzo de 2020

Despoblar el Universo


¡A galopar hacia la suprema aniquilación, arrasar caminos para el recibimiento del destierro sideral, hacia el opacamiento pleno de todo flujo sanguíneo! que esta sea la meta paulatina que cultive la humanidad,  donde cada evasión por engendrar descendientes se enaltezca como el mayor regalo existente.  Que ni el percance ni mucho menos algún sentido, posibiliten la continuidad de la natalidad, que la insostenible expansión sea la decadencia de los tiempos finales, la puñalada  contra la desaparición esencial. Toda fuerza de ánimo puesta en estos cimientos abrirá una forma de morar que vulnerará hábitos milenarios, trazará sendas íntimas para una cultura del abandono, el puente hacia la ausencia radical. Es momento de descontinuar el peor de los encantos venenosos de la naturaleza, conjurar contra todo aliento que procure por más remoto que sea, el acto de brindar futuro, de prolongar la maldición de dar a luz.

Aunque la sobrevivencia anhele imponerse, abramos paso a nuestra despedida cósmica, seamos la transición que tomará la decisión definitiva en nuestra historia y que por ende, afectará en el mayor beneficio de la existencia. ¡Qué infortunada mofa ha sido mantener vigente el espejismo del progreso, la inextinguible esperanza antropocéntrica de mantener en pie el castillo de naipes! ¡Cuánta degradación se ha generado por este vago raciocinio de raíz religiosa! Que la vida que quede se focalice en el noble oficio de limpiar las huellas humanas, sus ruinas y teatralidades, como a su vez acoger la muerte hacia el eclipsamiento eterno. Que el breve hálito que resta sea dedicado al empequeñecimiento de lo banal y la búsqueda del flagrar extraordinario.

Si luego de milenios, posterior a la presencia humana, se manifestase una afloración de nuevas formas de vida, con similares capacidades, ¡qué más da! El salto evolutivo que compete es sumergirnos en la nada, recibirlo como al invierno siberiano; la cura de la toxicidad irradiada es el desvanecimiento hacia el congelamiento vital.  Se comienza a escuchar rumiar la erupción de este cierre definitivo, un cierre que empieza a contener mayor densidad, pues el colapso es la melodía fundamental de vivir, somos desmoronamiento. La joya que marcará nuestro destino será convertirnos en verdugos del porvenir.







B. Pezzopane

Poemas de Iryna Tsilyk | Ірина Цілик, traducidos por Bastian Pezzopane

Poemas de la poeta y cineasta ucraniana Iryna Tsilyk | Ірина Цілик, traducidos del ucraniano al español, por el traductor chileno Bastian Pe...