domingo, 8 de marzo de 2020

Despoblar el Universo


¡A galopar hacia la suprema aniquilación, arrasar caminos para el recibimiento del destierro sideral, hacia el opacamiento pleno de todo flujo sanguíneo! que esta sea la meta paulatina que cultive la humanidad,  donde cada evasión por engendrar descendientes se enaltezca como el mayor regalo existente.  Que ni el percance ni mucho menos algún sentido, posibiliten la continuidad de la natalidad, que la insostenible expansión sea la decadencia de los tiempos finales, la puñalada  contra la desaparición esencial. Toda fuerza de ánimo puesta en estos cimientos abrirá una forma de morar que vulnerará hábitos milenarios, trazará sendas íntimas para una cultura del abandono, el puente hacia la ausencia radical. Es momento de descontinuar el peor de los encantos venenosos de la naturaleza, conjurar contra todo aliento que procure por más remoto que sea, el acto de brindar futuro, de prolongar la maldición de dar a luz.

Aunque la sobrevivencia anhele imponerse, abramos paso a nuestra despedida cósmica, seamos la transición que tomará la decisión definitiva en nuestra historia y que por ende, afectará en el mayor beneficio de la existencia. ¡Qué infortunada mofa ha sido mantener vigente el espejismo del progreso, la inextinguible esperanza antropocéntrica de mantener en pie el castillo de naipes! ¡Cuánta degradación se ha generado por este vago raciocinio de raíz religiosa! Que la vida que quede se focalice en el noble oficio de limpiar las huellas humanas, sus ruinas y teatralidades, como a su vez acoger la muerte hacia el eclipsamiento eterno. Que el breve hálito que resta sea dedicado al empequeñecimiento de lo banal y la búsqueda del flagrar extraordinario.

Si luego de milenios, posterior a la presencia humana, se manifestase una afloración de nuevas formas de vida, con similares capacidades, ¡qué más da! El salto evolutivo que compete es sumergirnos en la nada, recibirlo como al invierno siberiano; la cura de la toxicidad irradiada es el desvanecimiento hacia el congelamiento vital.  Se comienza a escuchar rumiar la erupción de este cierre definitivo, un cierre que empieza a contener mayor densidad, pues el colapso es la melodía fundamental de vivir, somos desmoronamiento. La joya que marcará nuestro destino será convertirnos en verdugos del porvenir.







B. Pezzopane

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