domingo, 20 de septiembre de 2020

Mutilación geográfica

En la protección del entretenimiento la humanidad ha circulado demasiados siglos recortando, haciendo trozos estériles de los espacios singulares, un goce turístico que flagela la natura o cualquier territorio en una ceremonia de encandilados brincos donde apenas se dimensiona un folleto podrido, aun así, en el último puñado de décadas, esta usanza se ha amplificado hasta magnitudes colosales, donde las maquinadas seducciones enhebran depredadoras arterias que cimentan la sorda rapidez. Sólo el retirado deambular se despoja de los confortables entallados que obturan la pavorosa calma en la amplitud. Se ha hecho de la Tierra un mapa, aquel plano orgánico asfixiado por líneas y fijezas, el gigantesco parque de intensidades fervorosas que tientan a vivencias fotográficas, un salón disecado repleto con tumbas de colorida dicha, destinado a las bandadas de coleccionistas que les es ajeno el tesoro de la ignota aventura.

Con un acarreador cauce, el turismo acompasa los trazos por donde tutelar con fogosa exactitud los circuitos del claustro, empleando una polifacética indumentaria donde no exista la remota resistencia a la adhesión de esta parodia decadente de obra de arte total, ya que junto a la aliada tecnología conglomeran los engranajes necesarios para amplificar el sórdido blindaje, pero esta escenografía no tomaría la consistencia que tiene, si no fuera por el meticuloso timón racional que apresa los funcionales apetitos humanos en una  edificada urdimbre. Un terreno se comprende en el aburrimiento, al escuchar la sutil invitación de los rasguños de lo existente, pues quien se abre a la cóncava lentitud acogerá una rebosante continuidad en la indiferencia del paisaje. ¡Cuán necesario es que el frío se asome y tensione todas las dimensiones de nuestra especie! 

Una itinerante fugacidad se impulsa por la mutilación geográfica, el anclaje de las brújulas que encaminan hacia los fabricados asombros de ávida glorificación, ¡éste ha de ser el aniquilamiento de todo viaje! Sólo se encuentran las sendas al recorrer lo omitido, vagando en la pertenencia de lo abierto, donde con el dedicado tiempo se accede a la consistencia de habitar lo abandonado. Mientras la famélica obstinación no se empobrezca en la oscura maleza, continuarán estancados los barriales de sangre, privados de la madurez del silencio estelar, pues al perder el rumbo la orientación decanta en las reservas de lo inmenso, éste ha de ser el desembocar que forcejea las pieles hacia el montaraz abismo donde asir el gélido resquicio de la Tierra para dejarse arrasar por el ocaso.

 

 

 

B. Pezzopane

domingo, 6 de septiembre de 2020

Cadencia nocturna


No habrá vanguardia que con novedosas ocurrencias escasamente roce las tierras musicales que ha dejado Chopin en las perpetuidades humanas, no habrá ni siquiera con algún titubeo, quien palpite de similar manera el despliegue de resonancias como aquel artista, pues su genuino alarido lo condujo por deleites abominables. Sus resquebrajadas obras apenas son la mitad de su máscara, que junto al ímpetu por acceder a diurnas evocaciones, conjugan lo que sería una aparente presentación de sí, pero en cuanto es degustado entre instancias dilatadas, se percibe en aquel lento transcurrir la llegada de un aire metálico que anuncia su desnudez inasible. ¿Cómo retenías con tan distinguida belleza la calamidad hasta quemarla en el rebosante éxtasis de tus estridencias Fryderyc?

En el piano sus obras se anidaron, él desde siempre comprendió aquel destino, donde de la tensión del respiro se extraían zafiros que trituran las grandes banalidades, una incisión hecha por el filo relampagueante de los ríos en que se dejaba devorar. La sonoridad de Polonia fue una titilante infusión, no en un encorsetamiento del timbre de sus composiciones, sino más bien una fragancia que lo aceró  al encuentro con sus íntimos tumores que hizo rosas, pues los oleajes fundamentales son aquellos que empujan al abrigo del abandono, allí emergen los auténticos susurros. Las melodías que esculpió poseen una amplitud avasalladora, que con encantos confusos zozobra a los vivientes en la dislocación de lo inesperado,  a través  del tenue desmoronamiento armónico en que se cae hacia la laberíntica taiga, por el necesitado anhelo de engrandecer a la música en sí misma, sin edulcoraciones ni arropamientos, cual hipnótica brisa que gracias a los dones de tiempos extensos se hace ventisca.

Las creaciones de Chopin sobrepasan lo auditivo, más bien son un espacio de rugosa hiedra que atrapa con robo riguroso, puesto que su vehemencia no se haya en los martillazos dados a las cuerdas, su vehemencia en cambio, radica en los elegantes racimos que recolecta su sangre negra. ¡Oh solitario artista, eres una cadencia nocturna que clama en el abismo con temeraria delicadeza, el cántico de tus cánticos germina de lo tenebroso, perteneces a la noche! De esta atmósfera surge un tempano que irrumpe contra todo griterío,  una seda inquebrantable de envolvente tentación, en donde se resguarda el legado esencial de los sombríos túmulos que esconden tu gema.



B. Pezzopane

Poemas de Iryna Tsilyk | Ірина Цілик, traducidos por Bastian Pezzopane

Poemas de la poeta y cineasta ucraniana Iryna Tsilyk | Ірина Цілик, traducidos del ucraniano al español, por el traductor chileno Bastian Pe...