lunes, 23 de octubre de 2023

Futuro perfecto: carta desde Ucrania — Ія Ківа / Iya Kiva

Ensayo de la poeta y traductora ucraniana Ія Ківа / Iya Kiva, escrito en inglés, que leyó en la conversación de la que fue parte del panel el 15 de Septiembre de 2023 en Iowa, Estados Unidos, sobre el tema Futuro Perfecto.

Traducido al español por Bastian Pezzopane

Fotografía: Ія Ківа / Iya Kiva durante su estancia en la residencia BAZHAN. Julio 2023, Kamianets-Podilskyi, Ucrania. Autora de la foto - Julia Didokha


Como escritora, considero que la principal tarea de la poesía es escuchar y sentir el tiempo, e intentar encontrar las palabras apropiadas para ello. Porque cada tiempo tiene su propio vocabulario, su propio lenguaje, sus propias entonaciones. ¿Pero qué es esto— este tiempo en el que vivo?

Toda mi vida, he vivido entre conversaciones sobre el pasado. Historia reprimida y memoria privada, el “siglo XX robado” (así es como los ucranianos hablan de su oportunidad perdida para adquirir su propia condición de Estado, hace 100 años), la cultura ucraniana asesinada, Holodomor, el Holocausto, guerra, deportaciones, otra guerra, guerra de nuevo. Mientras nuestros vecinos más cercanos discuten la clasificación de basura o los desafíos de la crisis climática, los ucranianos intentan contar su propia historia en sus propias palabras, desde el punto de vista de una subjetividad y agencia ucraniana. Como cualquier pueblo con una larga historia de esclavitud, sabemos bien lo que es no tener voz. Incluso al nivel del derecho a nuestro propio idioma. Porque Rusia como imperio prohibió el idioma ucraniano por siglos, y cuando no lo prohibió oficialmente, intentó convencer a los ucranianos de que nuestra cultura era provinciana y rústica, y que el idioma es ridículo, de clase campesina y de segunda categoría.

Todas estas conversaciones son agotadoras. Hablando sobre estos temas una y otra vez, te sientes como un perro con cadena, que arrastra la caseta de la que está encadenado a todos los lugares que va, haciendo un ruido increíble. Todas estas conversaciones son como masticar chicle, que pasamos de boca a boca, como si nos diéramos respiración artificial, y no podemos escupirlo, deshacernos de él, superarlo.

Hoy, quizás por primera vez en mi vida, vivo en tiempo presente. Parecería que esto es un paso adelante, hacia el futuro, el futuro soñado. Pero resulta que vivir en el tiempo presente es terriblemente incómodo. Porque el viento de la historia es como el viento del desierto de Judea en invierno, es gélido, escalofriante, y te derriba constantemente. Resulta que incluso un paso hacia el futuro se da con sangre, sudor, lágrimas y dolor. Y estar siendo testigo y partícipe del momento cuando el reloj de la historia se congela en el umbral entre invierno y verano no es un trabajo muy agradable. La guerra realmente detiene el tiempo. Viviendo hoy en Ucrania, no puedes planificar con más antelación que un día. Ningún ucraniano, durmiéndose por la noche, puede estar seguro que se despertará en la mañana. Y los niños ucranianos, nuestro futuro encarnado, no tienen la oportunidad de recibir una educación normal, porque durante cada ataque aéreo tienen que bajar a los refugios. Por supuesto, hemos construido aulas subterráneas para ellos, como, por ejemplo, lo hicimos en el metro de Járkiv. ¿Pero estas condiciones contribuyen al pleno desarrollo de la personalidad, al dominio de nuevos conocimientos, y permiten una competencia justa con quienes han tenido la oportunidad de estudiar normalmente?

Hoy, el horizonte del futuro de Ucrania está ensuciado como una mala fotografía amateur. Mirándolo atentamente, ves una oscuridad en la que puedes escuchar el zumbido de un shahed Iraní o el susurro de un cohete Ruso. Porque resulta que incluso cuando parece que el futuro ya está aquí, que ya está de pie en la entrada de tu casa y golpeando a la puerta, justo detrás de él se encuentra nuestro pasado. Resulta que nuestro pasado es un francotirador, que apunta constantemente nuestras espaldas cuando intentamos escapar de él, como escapando de un gueto o prisión. Un francotirador con el pasaporte de ciudadano de la Federación Rusa. Porque la guerra de Rusia contra Ucrania es una guerra por el pasado, que tiene un solo objetivo — hacer que el pasado sea grande de nuevo, a pesar del hecho de que ese pasado era una vida sin derechos, en un campo de concentración de 22,4 millones de kilómetros cuadrados.

Vivir hoy en Ucrania es como estar corriendo en un lugar, con la esperanza de ver un día finalmente la línea de meta. O como si hubiéramos caído a un río, donde estamos nadando y ahogándonos al mismo tiempo, jadeando desesperadamente por aire, con los labios agrietados por la fatiga. Cansancio es la palabra que transmite la sensación del tiempo hoy en día. Fatiga es la palabra que transmitirá la sensación del tiempo en Ucrania mañana. Porque incluso después de la guerra, nos enfrentaremos a interminables problemas económicos, sociales, ambientales, psicológicos y de salud con los que tendrán que lidiar muchas generaciones venideras.

Luchar por el futuro y vivir en este futuro elegido es difícilmente posible al mismo tiempo. ¿Pero tenemos opción?

Por un lado, no tenemos opción. Por otro lado, los ucranianos ya tomaron esta decisión — eligieron la libertad. “Independencia o muerte” — eso es lo que los cosacos ucranianos solían decir cuando iban a luchar. Esto es lo que nosotros, sus descendientes, decimos hoy, confirmando nuestra propia responsabilidad por la decisión que hemos tomado. Sí, los ucranianos no vivimos las vidas que soñamos durante la infancia. Alguien — voluntario en la retaguardia o en la primera línea, alguien — muriendo y siendo herido en el frente. Cuando pienso en esto, recuerdo a Margaret Garner de «Beloved» de Toni Morrison, quien mató a su hija de modo que esta niña nunca pudiera crecer para convertirse en una esclava como ella. Los ucranianos no necesitan explicación para saber por qué lo hizo.

La guerra ruso-ucraniana ya ha estado sucediendo por 9 años, y estoy escribiendo sobre ella. A veces me parece que este tema me ha capturado, y que nunca seré capaz de liberarme de él. Pero la época en la que vivo es un tiempo de guerra, sufrimiento, y dolor, así que solo trato de hacer mi trabajo honestamente. Porque aunque no puedas elegir el tiempo en el que vives, la libertad de elegir las palabras para describir ese tiempo ya es de gran valor, ya es un gran privilegio. No sé si esta libertad de escritura da esperanza para un futuro mejor, pero al menos me permite describir el presente y dar a las futuras generaciones el derecho a elegir si quieren vivir en el mundo en el que vivo hoy.


Ія Ківа / Iya Kiva es poeta y traductora, miembro de Pen Ukraine. Nació en 1984 en Donetsk, debido a la guerra ruso-ucraniana se mudó a Kyiv en 2014. Es autora de dos poemarios, Lejos del paraíso (2018) y La primera página del invierno (2019), así como de un libro de entrevistas con escritores bielorrusos Despertaremos como otros: conversaciones con autores bielorrusos contemporáneos sobre el pasado, el presente y el futuro de Bielorrusia (2021). Radica en Lviv, Ucrania.

Enlace del video completo de la conversación: https://www.youtube.com/watch?v=lP2_1FGJhag

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